dígale por favor que no sufra,
a su
lado, susurrando, estaré por siempre,
amor
perenne, amor consciente,
sentimiento
inmortal a mi alma empuja,
ese que vive eternamente.
Le doy gracias perpetúas por
su cuidado,
enalteció almas con caricias,
es el ser mas amado,
selecto manjar entre delicias.
Si ve discurrir una lagrima repítale estas palabras:
“Madre
bella, reina mía,pedacito
de divinidad,
lávese
esa carita,
empezando
a sonreír,
esa
vida es más bonita nadie
sabe que es sufrir.”
Adelantaré el camino, todos lo seguimos,
Lloraré
idealizando su profundo desconsuelo,
no sabe cuanto la amé, cuánto la quiero,
allá
en el trono,
de
los hombres con alas,
cantaré
esperando,
llegaré primero.
Lágrimas
tiernas, cubrirán su rostro
impotencia punzante junto a
mi ruego,
un alma sin cuerpo no
camina,
¡no llore más!
¡estoy arriba!
abajo es el lugar del fuego.
Débiles rodillas esperando el día,
luz impresionante en cónica
medida,
sobre mi cabeza,
el dedo de la muerte,
señala el momento,
afónica voz:
“Madre
bella, reina mía, pedacito de divinidad,
lávese esa carita empezando a sonreir,
esa vida es más
bonita,
nadie sabe que es
sufrir.”
No decaigas en cuidados,
dale forma a mis
hermanos,
son los sueños anhelados,
que mantendrán tu
firmeza,
nunca pierdas esas
ganas,
eres grande por tu
fuerza,
en el universo
brillas sola,
de mi mundo, mi
alteza.
Es pausa,
no es despedida.
¡Ni un llanto más!
¡Por favor madrecita!
Donde quiera que estés,
miraré vuestro andar.
¡Siempre conmigo!
nunca solita;
“Madre
bella, reina mía
pedacito de divinidad,
lávese esa carita,
empezando a sonreir,
esa vida es más
bonita,
nadie sabe que es
sufrir.”
